Manifestaciones físicas. Mesas giratorias

Damos el nombre de manifestaciones físicas a las que se traducen en efectos sensibles, tales como ruidos, movimiento y desplazamiento de cuerpos sólidos. Algunas son espontáneas, es decir, independientes de la voluntad; otras pueden ser provocadas. Para comenzar, sólo hablaremos de estas últimas.

El efecto más sencillo, y uno de los primeros que fueron observados, consiste en el movimiento circular impreso a una mesa. Ese efecto también se produce con cualquier objeto, pero como la mesa es el más utilizado –debido a su comodidad–, la expresión mesas giratorias prevaleció para designar esta especie de fenómenos.

Cuando decimos que ese efecto es uno de los primeros que se observaron, nos referimos a los últimos tiempos, porque no hay duda de que todos los géneros de manifestaciones se conocían desde las épocas más remotas. Y no podía ser de otra manera: puesto que se trata de efectos naturales, tuvieron que producirse en todas las épocas. Tertuliano se refiere en términos explícitos a las mesas giratorias y parlantes.

Durante cierto tiempo, ese fenómeno alimentó la curiosidad en los salones, hasta que las personas se cansaron de él y pasaron a cultivar otras distracciones, ya que sólo lo consideraban un entretenimiento. Dos causas contribuyeron a que las mesas giratorias fueran dejadas de lado. En relación con las personas frívolas, la causa fue la moda, que raramente les permite consagrar dos inviernos seguidos al mismo pasatiempo, aunque a este le consagraron tres o cuatro: ¡todo un prodigio para ellas!

Por su parte, las personas respetables y observadoras descubrieron en el fenómeno algo muy serio, destinado a prevalecer, y abandonaron las mesas giratorias para ocuparse de las consecuencias, que son mucho más importantes. Es decir, dejaron el alfabeto por la ciencia. Ese es todo el secreto de este aparente abandono, con el que hicieron tanto alboroto los burlones.

Sea como fuere, el fenómeno de las mesas giratorias será siempre el punto de partida de la doctrina espírita. Por eso debemos dar algunas explicaciones al respecto, y con mayor razón aún porque, al mostrar los fenómenos más simples, el estudio de sus causas será más fácil, y la teoría, una vez establecida, nos dará la clave de los efectos que son más complicados.

Para que este fenómeno se produzca, es necesaria la intervención de una o muchas personas dotadas de una aptitud especial, a las que se designa con el nombre de médiums. El número de los cooperadores es indiferente, a no ser que haya entre ellos algunos médiums cuya facultad se ignora. En cuanto a los que no tienen mediumnidad, su presencia no produce ningún resultado, e incluso podría ser más perjudicial que útil, debido a la disposición con que muchas veces participan.

En este aspecto, los médiums gozan de mayor o menor poder y, por consiguiente, producen efectos más o menos notorios. Muchas veces un médium poderoso producirá por sí sólo más que otros veinte juntos. Bastará con que coloque las manos en la mesa para que, en ese mismo instante, ella se mueva, se eleve, se dé vuelta, dé saltos o gire con violencia.

No hay ningún indicio de la facultad mediúmnica; sólo la experiencia puede darla a conocer. Cuando se desea hacer una experiencia en una reunión, simplemente se requiere que los participantes se sienten alrededor de la mesa y coloquen sobre ella las palmas de las manos, sin hacer presión ni esfuerzo muscular. Al principio, como se ignoraban las causas del fenómeno, se recomendaba tomar muchas precauciones, que con posterioridad se constató que eran absolutamente inútiles. Por ejemplo, la de alternar los sexos, o también la del contacto entre los dedos meñiques de las diferentes personas, para que se forme una cadena ininterrumpida. Esta última precaución parecía necesaria porque se creía en la acción de una especie de corriente eléctrica. Más adelante, la experiencia demostró su inutilidad. Las únicas prescripciones de rigurosa obligatoriedad son el recogimiento, un absoluto silencio y, sobre todo, la paciencia, en caso de que el efecto se demore. Es posible que se produzca en algunos minutos, como puede tardar media o una hora. Eso depende del poder mediúmnico de los copartícipes.

Digamos también que la forma de la mesa, la sustancia con que está hecha, la presencia de metales, de la seda en la ropa de los asistentes, los días, las horas, la oscuridad o la luz, etc., son tan indiferentes como la lluvia o el buen tiempo. Sólo el peso de la mesa debe ser tomado en cuenta, pero solamente en caso de que el poder mediúmnico sea insuficiente para vencer su resistencia. De lo contrario, una sola persona, hasta un niño, puede hacer que se eleve una mesa de cien kilos, mientras que, en condiciones menos favorables, doce personas no conseguirán que un pequeño velador9se mueva.

Con las cosas dispuestas de ese modo, cuando el efecto comienza a manifestarse, con mucha frecuencia se oye un leve crujido en la mesa; se siente una especie de estremecimiento, que es el preludio del movimiento. Da la impresión de que la mesa realiza esfuerzos para ponerse en marcha. Después, el movimiento de rotación se acentúa, y se acelera hasta el punto de adquirir tal rapidez que los presentes se ven en grandes dificultades para acompañarlo. Cuando el movimiento se ha iniciado, los asistentes pueden incluso apartarse de la mesa, pues ella seguirá moviéndose en todos los sentidos sin que medie contacto alguno.

En otras circunstancias, la mesa se levanta y se afirma ora sobre un pie, ora sobre otro, y a continuación retorna suavemente a su posición normal. También puede balancearse, imitando el movimiento de cabeceo o de balance de un barco. Finalmente, aunque para esto es indispensable un poder mediúmnico consi- derable, hay ocasiones en que la mesa se levanta por completo del suelo y se mantiene en equilibrio en el aire, sin ningún punto de apoyo, y a veces se eleva hasta el techo, de modo que se puede pasar por debajo de ella. Luego, desciende lentamente, balanceándose en el aire como lo haría una hoja de papel; o cae con violencia y se rompe, lo que prueba de modo patente que nadie ha sido juguete de una ilusión óptica.

Otro fenómeno que se produce con mucha frecuencia, de acuerdo con la naturaleza del médium, es el de los golpes que vibran dentro de la sustancia misma de la madera, sin que la mesa realice movimiento alguno. Esos golpes, muy débiles en ocasiones, pero en otras muy intensos, también se escuchan en otros muebles de la habitación, en las puertas, en las paredes o en el techo. Pronto volveremos a este tema. Cuando se producen en la mesa, los golpes provocan en ella una vibración muy perceptible por medio de los dedos, y sobre todo muy clara cuando se aplica el oído contra la mesa.

 

Texto recogido del libro de Allan Kardec, El libro de los Mediums, publicado en París en el año 1861

 

Asociación espiritista El Círculo – Mediums y psíquicos – Trabajamos en diferentes salas y centros – info@asociaciónelcirculo.org

 

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