Teoría de las manifestaciones físicas

Una vez que ha sido demostrada la existencia de los Espíritus por medio del razonamiento y de los hechos, así como su posibilidad de actuar sobre la materia, se trata ahora de saber cómo se opera esa acción y cómo proceden ellos para hacer que las mesas y los otros cuerpos inertes se muevan.

En respuesta a eso, hay una idea que se presenta muy naturalmente, y nosotros también la tuvimos. Pero los Espíritus la combatieron y nos dieron una explicación completamente distinta, que estábamos lejos de esperar, lo cual es una prueba evidente de que su teoría no reflejaba nuestra opinión. Ahora bien, al igual que nosotros, todos podían tener esa primera idea. En cambio, en lo que respecta a la teoría que presentaron los Espíritus, no creemos que alguna vez se le haya ocurrido a alguien. Fácilmente se reconocerá cuán superior es a la nuestra, aunque menos sencilla, porque ofrece la solución de una cantidad de otros hechos que no encontraban una explicación satisfactoria.

Desde el momento en que se conoció la naturaleza de los Espíritus, su forma humana, las propiedades semimateriales del periespíritu, la acción mecánica que este puede ejercer sobre la materia, y desde que en casos de aparición se han visto manos fluídicas e incluso tangibles que tomaban objetos y los trasladaban, se creyó, como era natural, que el Espíritu se servía muy simplemente de sus propias manos para hacer que la mesa girara, y de la fuerza de sus brazos para que ella se levantara en el aire. No obstante, en ese caso, ¿para qué se necesitaba un médium? ¿No podía el Espíritu actuar por sí mismo? Porque es evidente que el médium, que por lo general apoya las manos en sentido contrario al del movimiento de la mesa, o incluso no las apoya para nada, no puede secundar al Espíritu mediante ninguna acción muscular. Dejemos, en primer lugar, que hablen los Espíritus a quienes hemos interrogado sobre esta cuestión.

El Espíritu de San Luis nos dió las siguientes respuestas, y muchos otros las confirmaron posteriormente.

  1. El fluido universal, ¿es una emanación de la Divinidad? “No.”
  2. ¿Es una creación de la Divinidad? “Todo es creado, excepto Dios.”
  3. El fluido universal, ¿es al mismo tiempo el elemento universal? “Sí, es el principio elemental de todas las cosas.”
  4. ¿Tiene alguna relación con el fluido eléctrico, cuyos efectos conocemos? “Es su elemento.”
  5. ¿Cuál es el estado en que el fluido universal se nos presenta en su mayor simplicidad? “Para hallarlo en su simplicidad absoluta sería preciso que nos remontáramos hasta los Espíritus puros. En vuestro mundo siempre se halla más o menos modificado, para formar la materia compacta que os rodea. no obstante, podéis decir que el estado en que se encuentra más próximo a esa simplicidad es el del fluido que denomináis fluido magnético animal.”
  6. Se ha dicho que el fluido universal es la fuente de la vida. ¿Es al mismo tiempo la fuente de la inteligencia? “No; ese fluido sólo anima a la materia.”
  7. Dado que ese fluido compone al periespíritu, parece que en este se encuentra en una especie de estado de condensación, que hasta cierto punto lo aproxima a la materia propiamente dicha. “Hasta cierto punto, como dices, ya que no posee todas las propiedades de la materia. Está más o menos condensado, según los mundos.”
  8. ¿De qué modo puede un Espíritu operar el movimiento de un cuerpo sólido? “Combina una parte del fluido universal con el fluido que se desprende del médium apropiado para producir ese efecto.”
  9. Los Espíritus, ¿levantan la mesa con la ayuda de sus propios miembros, en cierto modo solidificados? “Esta respuesta no te conducirá todavía a lo que deseas. Cuando una mesa se mueve bajo vuestras manos, el Espíritu evocado toma del fluido universal lo necesario para animar esa mesa con una vida artificial. Preparada de ese modo, el Espíritu atrae la mesa y la mueve bajo la influencia de su propio fluido, que se desprende por efecto de su voluntad. Cuando la masa que desea poner en movimiento es demasiado pesada para él, llama en su ayuda a Espíritus que se encuentran en las mismas condiciones que él. A causa de su naturaleza etérea, el Espíritu propiamente dicho no puede actuar sobre la materia densa sin un intermediario, es decir, sin el lazo que lo une a la materia. Ese lazo, que constituye lo que vosotros denomináis periespíritu, os da la clave de todos los fenómenos espíritas materiales. Creo que me expliqué con suficiente claridad como para ser comprendido.”
  10. Los Espíritus a quienes llama en su ayuda el Espíritu que desea mover un objeto, ¿son inferiores a él? ¿Están bajo sus órdenes? “Casi siempre son iguales a él, y muchas veces acuden por sí mismos.”
  11. ¿Son todos los Espíritus aptos para producir fenómenos de ese género? “Los Espíritus que producen ese tipo de efectos son siempre inferiores, y todavía no se han desprendido por completo de toda la influencia material.”
  12. Comprendemos que los Espíritus superiores no se ocupen de cosas que están por debajo de ellos. no obstante, preguntamos si, dado que se hallan más desmaterializados, tendrían el poder de hacerlo, en caso de que lo desearan. “Los Espíritus superiores tienen la fuerza moral, así como los otros tienen la fuerza física. Cuando los superiores necesitan de esta fuerza, se sirven de los que la poseen. ¿No se os ha dicho que se sirven de Espíritus inferiores, así como vosotros os valéis de las personas que cargan fardos?”
  13. Si comprendimos bien lo que habéis dicho, el principio vital reside en el fluido universal. El Espíritu extrae de ese fluido la envoltura semimaterial que constituye su periespíritu, y por medio de ese fluido actúa sobre la materia inerte. ¿Es así? “Así es. Es decir que el Espíritu anima a la materia con una especie de vida artificial. La materia es animada con vida animal. La mesa que se mueve bajo vuestras manos vive como el animal; obedece por sí misma al ser inteligente. El Espíritu no la impulsa como hace el hombre con un fardo. Cuando la mesa se eleva, el Espíritu no la levanta con la fuerza de sus brazos, sino que la mesa misma, animada, obedece al impulso que el Espíritu le confiere.”
  14. ¿Cuál es el papel del médium en ese fenómeno? “Ya he dicho que el fluido propio del médium se combina con el fluido universal que acumula el Espíritu. Se requiere la unión de esos dos fluidos, es decir, del fluido animalizado y del fluido universal, para dar vida a la mesa. No obstante, notad bien que esa vida es sólo momentánea: se extingue con la acción, y a menudo antes de que esta haya concluido, tan pronto como la cantidad de fluido deja de ser suficiente para animarla.”
  15. ¿Puede el Espíritu actuar sin el concurso de un médium? “Puede actuar sin que el médium lo sepa. Esto significa que muchas personas sirven de auxiliares a los Espíritus, para la producción de ciertos fenómenos, sin que lo sospechen. El Espíritu extrae de ellas, como de una fuente, el fluido animalizado que necesita. A eso se debe que el concurso de un médium, tal como vosotros lo entendéis, no siempre sea necesario, lo que ocurre sobre todo en los fenómenos espontáneos.”
  16. La mesa animada, ¿actúa con inteligencia? ¿Piensa? “No piensa, como tampoco lo hace la bengala con que hacéis una señal inteligente. Sin embargo, la vitalidad con que está animada le permite obedecer al impulso de una inteligencia. Sabed, pues, que la mesa que se mueve no se convierte en Espíritu, y que no tiene, de por sí, ni pensamiento ni voluntad.”
  17. ¿Cuál es la causa preponderante en la producción de ese fenómeno: el Espíritu o el fluido? “El Espíritu es la causa, el fluido es el instrumento. Ambos son necesarios.”
  18. En ese caso, ¿qué papel desempeña la voluntad del médium? “El de llamar a los Espíritus y secundarlos en el impulso que dan al fluido.”
    [18a] – La acción de la voluntad, ¿es siempre indispensable?  “Aumenta el poder, pero no siempre es necesaria, ya que el movimiento puede producirse a pesar de esa voluntad, lo que prueba la existencia de una causa independiente del médium.”
  19. ¿Por qué no todas las personas pueden producir el mismo efecto, y no todos los médiums tienen el mismo poder? “Eso depende de la organizacióny de la mayor o menor facilidad con que se puede operar la combinación de los fluidos. Además, el Espíritu del médium simpatiza en mayor o menor medida con los Espíritus que encuentran en él el poder fluídico necesario. Sucede con ese poder lo mismo que con el de los magnetizadores, que no tiene la misma intensidad. En ese aspecto, hay personas que son completamente refractarias. En otras, la combinación de los fluidos sólo se opera mediante un esfuerzo de su voluntad. En otras, por último, la combinación se produce con tanta naturalidad y tan fácilmente, que ni siquiera se dan cuenta de ello, y sirven de instrumento sin que lo sepan, como ya lo hemos dicho.”
  20. Las personas a las que se denomina eléctricas, ¿pueden ser consideradas médiums? “Esas personas extraen de sí mismas el fluido necesario para la producción del fenómeno, y pueden actuar sin el concurso de los Espíritus. En ese caso, no son médiums en el sentido que se atribuye a esta palabra. Pero también puede suceder que un Espíritu las asista y aproveche sus disposiciones naturales.”
  21. El Espíritu que actúa sobre los cuerpos sólidos para moverlos, ¿penetra en la sustancia de esos cuerpos, o permanece fuera de ella? “Lo uno y lo otro. Hemos dicho que la materia no representa un obstáculo para los Espíritus. Ellos todo lo penetran. Una porción del periespíritu se identifica, por así decirlo, con el objeto en el que penetra.”
  22. ¿Cómo hace el Espíritu para golpear? ¿Se sirve de un objeto material?
    “No, así como tampoco utiliza los brazos para levantar la mesa. Vosotros sabéis que el Espíritu no tiene un martillo a su disposición. Su martillo es el fluido combinado, puesto en acción por su voluntad, tanto para mover como para golpear. Cuando mueve un objeto, la luz os da la percepción de los movimientos. Cuando golpea, el aire os conduce el sonido.”
  23. Entendemos que sea así cuando el Espíritu golpea en un cuerpo duro. Pero ¿cómo puede hacer que se escuchen ruidos o sonidos articulados en el propio aire? “Puesto que actúa sobre la materia, el Espíritu puede obrar tanto sobre una mesa como sobre el aire. En cuanto a los sonidos articulados, puede imitarlos, como todos los demás ruidos.”
  24. Dices que el Espíritu no se sirve de sus manos para mover la mesa. Sin embargo, en ciertas manifestaciones visuales se han visto aparecer manos que recorrían el teclado de un piano, oprimían las teclas y producían sonidos. El movimiento de las teclas, en ese caso, ¿no se debe, como parece, a la presión de los dedos? Esa presión, ¿no es tan directa y real como la que sentimos en nosotros mismos cuando las manos que la ejercen dejan marcas en la piel? “Vosotros no podéis comprender la naturaleza de los Espíritus, ni de qué modo actúan, a no ser por medio de comparaciones que sólo os dan una idea incompleta. Es un error querer equiparar siempre vuestros métodos a los procesos de los que ellos se valen, pues esos procesos deben estar en relación con la organización que les es propia. ¿No os he dicho que el fluido del periespíritu penetra la materia y se identifica con ella, animándola con una vida artificial? Pues bien, cuando el Espíritu pone los dedos sobre las teclas, los pone realmente, y hasta los mueve. Con todo, no ejerce una presión por medio de una fuerza muscular, sino que anima las teclas, de la misma manera que lo hace con la mesa, y entonces las teclas, que obedecen a su voluntad, se mueven y hacen vibrar las cuerdas. Asimismo, sucede aquí un hecho que os resulta difícil comprender, y es que algunos Espíritus son tan poco adelantados y tan materiales, si se los compara con los Espíritus elevados, que conservan todavía las ilusiones de la vida terrenal, de modo que creen actuar como cuando tenían un cuerpo. No comprenden la verdadera causa de los efectos que producen, al igual que un cam- pesino es incapaz de comprender la teoría de los sonidos que articula. Preguntad a esos Espíritus de qué manera tocan el piano, y os responderán que golpean las teclas con sus dedos, porque creen que eso es lo que hacen. El efecto se produce instintivamente en ellos, sin que sepan cómo, pese a que depende de su voluntad. Lo mismo sucede cuando hacen que se escuchen palabras.”
  25. Entre los fenómenos que se citan como pruebas de la acción de un poder oculto, hay algunos que, evidentemente, son contrarios a todas las leyes conocidas de la naturaleza. En ese caso, ¿no es legítima la duda? “Eso se debe a que el hombre se encuentra lejos de conocer todas las leyes de la naturaleza. Si las conociera todas, sería un Espíritu superior. Por consiguiente, cada día que pasa ofrece un desmentido a los que, como suponen que todo lo saben, pretenden imponer límites a la naturaleza, aunque no por eso son menos orgullosos. Al desvelarle sin cesar nuevos misterios, Dios advierte al hombre que desconfíe de sus propias luces, porque día vendrá en que la ciencia del más sabio será confundida. ¿No disponéis todos los días de ejemplos de cuerpos animados de un movimiento capaz de resistir a la fuerza de gravedad? La bala de cañón, arrojada al aire, ¿no vence durante algunos momentos a esa fuerza? ¡Pobres hombres, que os consideráis muy sabios, y cuya tonta vanidad es humillada a cada instante! ¡Sabed que todavía sois demasiado pequeños!”

Estas explicaciones son claras, categóricas y sin ambigüedad. Resalta de ellas, como punto esencial, que el fluido universal, donde reside el principio de la vida, es el agente principal de las manifestaciones, y que ese agente recibe el impulso del Espíritu, ya se halle encarnado o errante. Ese fluido condensado constituye el periespíritu, o envoltura semimaterial del Espíritu. En el estado de encarnación, el periespíritu está unido a la materia del cuerpo; en el de erraticidad, está libre. Cuando el Espíritu se encuentra encarnado, la sustancia del periespíritu está más o menos ligada, más o menos adherida, si así podemos decirlo. En algunas personas, como consecuencia de sus organizaciones, hay una especie de emanación de ese fluido, y eso es, hablando con propiedad, lo que constituye los médiums de influencias físicas. La emisión del fluido animalizado puede ser más o menos abundante, y más o menos fácil su combinación, de donde resultan médiums con mayor o menor poder. Esa emisión no es permanente, lo que explica la intermitencia del poder mediúmnico.

Hagamos una comparación. Cuando se tiene la voluntad de actuar materialmente sobre un punto cualquiera colocado a distancia, el que quiere es el pensamiento, pero el pensamiento no irá por sí solo a golpear ese punto. necesita un intermediario al que pueda dirigir: un bastón, un proyectil, una corriente de aire, etc. notad también que el pensamiento no actúa directamente sobre el bastón, porque si no lo tocáramos, no se movería. El pensamiento, que no es otra cosa que el Espíritu encarnado en nosotros, está unido al cuerpo mediante el periespíritu. Ahora bien, el Espíritu no puede ejercer una acción sobre el cuerpo sin el periespíritu, como tampoco puede actuar sobre el bastón sin el cuerpo. Actúa sobre el periespíritu porque esa es la sustancia con la que tiene más afinidad. El periespíritu ejerce su acción sobre los músculos, los músculos toman el bastón, y el bastón golpea en el punto previsto. Cuando el Espíritu no está encarnado necesita un auxiliar extraño, y ese auxiliar es el fluido con la ayuda del cual hace que el objeto sea apropiado para obedecer el impulso de su voluntad.

De este modo, cuando un objeto es puesto en movimiento, levantado o arrojado al aire, no se debe a que el Espíritu lo toma, lo empuja y lo mantiene suspendido, como haríamos con nuestra mano. El Espíritu lo satura, por así decirlo, con su fluido combinado con el fluido del médium, y el objeto, momentáneamente vivificado de esa manera, actúa como lo haría un ser vivo, con la única diferencia de que, como no posee voluntad propia, sigue el impulso de la voluntad del Espíritu.

Dado que el fluido vital, impulsado en cierto modo por el Espíritu, da una vida artificial y momentánea a los cuerpos inertes, y puesto que el periespíritu no es más que ese mismo fluido vital, se sigue de ahí que es el propio Espíritu, cuando está encarnado, el que da vida a su cuerpo por medio del periespíritu. El Espíritu permanece unido a ese cuerpo en tanto la organización de este lo permita. Cuando el cuerpo muere, el Espíritu se retira. Ahora bien, si en vez de tomar una mesa esculpimos una estatua de madera, y actuamos sobre ella del mismo modo que sobre la mesa, tendremos una estatua que se moverá, que golpeará, que responderá con sus movimientos y sus golpes. Tendremos, en una palabra, una estatua momentáneamente animada con una vida artificial. Entonces, así como nos hemos referido a las mesas parlantes, también podremos hablar de las estatuas parlantes. ¡Cuánta luz proyecta esta teoría sobre una inmensidad de fenómenos hasta ahora sin solución! ¡Cuántas alegorías y efectos misteriosos explica!

Con todo, los incrédulos prosiguen con su objeción en cuanto a que el fenómeno del levantamiento y la suspensión de las mesas sin un punto de apoyo es imposible, porque resulta contrario a la ley de gravedad. En primer lugar, les responderemos que la negación no constituye una prueba. En segundo lugar, que si el hecho existe, no importa que sea contrario a todas las leyes conocidas, pues esto prueba una sola cosa: que se basa en una ley desconocida, y que los negadores no pueden tener la pretensión de conocer todas las leyes de la naturaleza. Acabamos de explicar una de esas leyes, pero eso no es razón para que los incrédulos la acepten, precisamente porque ha sido revelada por Espíritus que dejaron su vestimenta terrenal, en lugar de serlo por Espíritus que aún llevan puesta esa vestimenta y que ocupan sillones en la Academia. Según este criterio, si el Espíritu de Arago hubiese presentado esa ley cuando vivía en la tierra, ellos la habrían aceptado con los ojos cerrados; pero como proviene del Espíritu de Arago, que ha muerto, es una utopía. ¿A qué se debe esto? A que creen que al morir Arago, también murió todo lo que había en él. No pretendemos disuadirlos. Sin embargo, como esa objeción podría incomodar a ciertas personas, intentaremos darles una respuesta ubicándonos en el punto de vista en que ellas se encuentran, es decir, haciendo abstracción por un instante de la teoría de la animación artificial.

Cuando se hace el vacío dentro de la campana de la máquina neumática, esa campana se adhiere con tal fuerza a su soporte que es imposible levantarla, debido al peso de la columna de aire que ejerce presión sobre ella. Déjese entrar el aire y la campana se podrá levantar con la mayor facilidad, porque el aire que queda dentro contrabalancea al aire del exterior; mientras que, abandonada a sí misma, permanecerá pegada al soporte, por efecto de la ley de gravedad. Comprímase ahora el aire que está en su interior, generando una densidad mayor que la del aire que está afuera, y la campana se elevará, pese a la gravedad. Si la corriente de aire es rápida y violenta, la campana se mantendrá suspendida en el espacio, sin ningún punto de apoyo visible, tal como esos muñecos que giran encima de un surtidor de agua. ¿Por qué, entonces, el fluido universal, que es el elemento básico de toda la materia, acumulado alrededor de la mesa, no podría tener la propiedad de disminuir o aumentar su peso específico relativo, como lo hace el aire con la campana de la máquina neumática, o como lo hace el gas hidrógeno con los globos, sin que para eso sea necesaria la derogación de la ley de gravedad? ¿Conocéis, acaso, todas las propiedades y todo el poder de ese fluido? ¡No! Entonces no neguéis un hecho porque no lo podéis explicar.

Volvamos a la teoría del movimiento de la mesa. Si por el medio que hemos indicado el Espíritu puede levantar una mesa, también podrá levantar cualquier otra cosa: un sillón, por ejemplo. Si puede levantar un sillón, también podrá, si tiene la fuerza suficiente, levantarlo con una persona sentada en él. Esta es, pues, la explicación del fenómeno que ha producido incontables veces, consigo mismo y con otras personas, el Sr. Home. Lo repitió durante un viaje a Londres y, para probar que los espectadores no eran víctimas de una ilusión óptica, hizo en el techo una marca con lápiz, y dejó que pasaran por debajo de él mientras se mantenía suspendido en el aire. Sabemos que el Sr. Home es un poderoso médium de efectos físicos. En el caso mencionado, él era al mismo tiempo la causa eficiente y el objeto.

Acabamos de referirnos a la posibilidad de que se produzca un aumento en el peso de la mesa. Se trata, en efecto, de un fenómeno que se da en ocasiones, y que no tiene nada de anormal, como tampoco lo tiene la prodigiosa resistencia de la campana que se halla bajo la presión de la columna atmosférica. Bajo la influencia de ciertos médiums, se han visto objetos muy livianos que ofrecían una resistencia de ese tipo, y luego cedían de repente ante un mínimo esfuerzo. En la experiencia que describimos más arriba, en realidad la campana no se vuelve ni más ni menos pesada en sí misma, aunque parezca más pesada por el efecto de la causa exterior que actúa sobre ella. Es probable que suceda lo mismo en este caso. La mesa tiene siempre el mismo peso intrínseco, porque su masa no ha aumentado. Sin embargo, una fuerza extraña se opone a su movimiento, y esa causa puede residir en los fluidos circundantes que la penetran, así como reside en el aire la causa que incrementa o disminuye el peso aparente de la campana. Realizad la experiencia de la campana neumática delante de un campesino ignorante, incapaz de comprender que lo que actúa es el aire –aire que él no ve–, y no os será difícil convencerlo de que se trata del diablo.

Tal vez se diga que, como ese fluido es imponderable, su acumulación no puede aumentar el peso de un objeto. Estamos de acuerdo; pero notad que si hemos utilizado el término acumulación, ha sido por comparación, y no porque hayamos identificado de modo absoluto ese fluido con el aire. Si bien aceptamos que ese fluido es imponderable, nada prueba que lo sea. Ignoramos su naturaleza íntima, y estamos lejos de conocer todas sus propiedades. Antes de que se experimentara con el peso del aire, nadie sospechaba los efectos de ese peso. La electricidad también está clasificada entre los fluidos imponderables; sin embargo, un cuerpo puede ser retenido por una corriente eléctrica y ofrecer una gran resistencia a quien quiera levantarlo, lo que hace que ese cuerpo se vuelva más pesado en apariencia. Del hecho de que no se vea lo que lo retiene, sería ilógico deducir que no existe. Así pues, el Espíritu puede utilizar palancas que no conocemos. La naturaleza nos demuestra a diario que su poder no se limita al testimonio de los sentidos.

Sólo por una causa semejante es posible explicar el notable fenómeno, del que se han observado tantos ejemplos, de una joven débil y delicada que levanta con dos dedos, sin esfuerzo y como si se tratara de una pluma, a un hombre fuerte y robusto, junto con la silla en la que él está sentado. La prueba de que la causa del fenómeno es ajena a la persona que lo produce se encuentra en las intermitencias de esa facultad.

 

Texto recogido del libro de Allan Kardec, El libro de los Mediums, publicado en París en el año 1861

 

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